viernes, 29 de abril de 2011

Violence

Está de más hablar de la violencia en mi ciudad; no hay día que no ocupe los titulares en las noticias.
Hace más de un año, cuando regresé a casa después de estar lejos dos años, me encontré con una ciudad sumergida en el miedo y el pánico, totalmente en shock por todo lo que estaba sucediendo. Me deprimió totalmente ver ese panorama.
Hace un par de meses, vino a Monterrey a un torneo de tennis mi amiga colombiana Mary Duque, con su entrenador Borja y la jugadora Catalina Castaño.
Nos fuimos a cenar todos e, inevitablemente, la conversación giró en torno a la inseguridad que se vive en la ciudad. "Esto es como Bogotá y Cali", decían.
No estamos como Cali... aún. Mucho no nos falta, tampoco. Con granadas afectando establecimientos comerciales y corporaciones policiacas, ¿qué tan lejos estamos de las bombas?
Durante años, Cali sufrió la presencia de narcotraficantes, luchas entre cárteles, silencio en las calles, estados de sitio no declarados. Y tardaron más de 10 años en virar la situación. ¿Quién la viró? ¿Uribe? ¿La sociedad? La sociedad, aquélla que en mi ciudad se mantuvo sumergida en el ensimismamiento que se ha olvidado ya por muchos años de mantener sus principios y, sobre todo, su identidad.
Nos encontramos con presupuestos recortados para cultura y educación, la historia de la que menos sabemos es la de nosotros mismos, quiénes somos, de dónde venimos y cómo formamos la ciudad de la que somos parte. Saber realmente quiénes somos nos da un sentido de pertenencia y de amor por nuestra tierra y la gente en ella. Saber quiénes somos nos HACE lo que somos, pero como no sabemos, nos hicimos con cosas superfluas, discriminativas, egoístas. Sí, no es nada nuevo, estamos en una crisis de valores, y lo seguiremos estando mientras no aceptemos que la marginación y la discriminación tienen mucho qué ver en la proliferación de adeptos a células criminales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario